Category Archives: Para pensar

Saludo de Babar al Rey de España

Saludo de Babar al Rey de España

Ahora bien, luego de los hechos donde Rey de España, Don Juan Carlos, sufrió una fractura de cadera, luego que se encontraba en Botsuana, realizando una cacería de elefantes, el  famoso personaje de cuentos infantiles Babar, le envía un mensaje en protesta de sus preferencias de distracción.

 

 

FUENTE: http://www.6topoder.com/2012/04/18/conflicto-de-reinos-imagen-humor/

Querida Paulina Peña Pretelini

Querida Paulina Peña Pretelini

martes 6 de diciembre de 2011

AUTOR: Héctor Zagal

No tengo el gusto de conocerte personalmente. No sé cómo eres, desconozco tus cualidades, tus aficiones, tus intereses. Entiendo tu molestia al escuchar las críticas a tu padre, Enrique Peña Nieto. Son gajes del oficio. Deberás irte acostumbrando a los ataques contra él. En una democracia, la crítica es un ejercicio fundamental. Tu padre es una figura pública y, por ende, sus actos serán juzgados con rigor. “¿Por qué son tan duros con él?”, te preguntarás. Bueno, los funcionarios públicos ganan mucho dinero. Hay miles de personas dispuestas a sufrir críticas y cuestionamientos con tal de figurar en la nómina oficial. El sueldo bien vale esos golpes. ¿No?

Pero no es de tu padre de quien quiero hablar, sino de ti. ¿Te confieso algo? Me aterra que hayas utilizado la expresión “hijos de la prole” como un insulto. Insisto, es disculpable que te enfades por la burla hacia tu padre. No me asustaría que los llamaras “babosos”, “tontos”. Es más, no me preocupa el que nos hayas llamado “pendejos”. En cambio, no se puede excusar tu menosprecio a los hijos de los trabajadores, de los obreros.

¿Oíste del escándalo de las Ladies de Polanco? Descalificaron a un policía llamándolo “asalariado”. Algo similar hiciste tú: descalificas a la mitad del país por su condición social. ¿Qué tiene de malo ser hijo de un obrero? Sabes, yo soy nieto de un minero, un proletario. No me da vergüenza decirlo. ¿Te avergonzarías de tu padre si fuese un vendedor de tamales o un plomero?

Tu padre, que ha leído la Biblia, te puede recordar una frase de Jesús en el Evangelio: “De la abundancia del corazón, hablará la boca”. Sin pretenderlo, con tus palabras has revelado tu clasismo. Desprecias el trabajo manual. Minusvaloras a quienes se mantienen con su esfuerzo. ¡Qué tristeza que así piense la hija de un candidato presidencial!

“Hijos de la prole” son, en efecto, quienes estudiaron en escuelas públicas, quienes utilizan el metro, quienes no comen cortes argentinos ni quesos españoles, quienes no utilizan zapatos de miles de pesos, quienes no se atienden en el hospital ABC, quienes no viajan en helicóptero. Los hijos de la prole, por el contrario, deben de hacer largas horas de filas en las clínicas del seguro social, deben de comer carbohidratos (tortillas), deben de estudiar en salones sin computadoras, deben de apretujarse en los transportes públicos. Los hijos de la prole, querida Paulina, ganan en un año lo que tu padre gana en una semana.

Cuando leas estas líneas haz el siguiente ejercicio. Revisa lo que llevas puesto encima: perfume, cremas, desodorante, ropa, zapatos, celulares, aretes. Suma el total.  ¿Sabes que traes encima más de lo que una indígena gana durante un año de trabajo duro?

Paulina, me da terror que pienses así. Tu lapsus reveló tu “realidad”: vives en una burbuja color de rosa. “Hijos de la prole” no es un insulto, sino un título honorable. Este país, que tu padre aspira a gobernar, depende de los obreros, de los campesinos, de los empleados, depende de esas personas a quienes menosprecias.

Ojalá este gravísimo desliz, no sea fruto de la educación que recibiste en casa. Ojalá y sea culpa tuya, fruto de tu arrogancia (tan propia, eso sí, de la clase alta mexicana). ¿Qué será de México si lo llega a gobernar una persona que desprecia al proletariado?

Mira Paulina, me parece que por tu bien, debes inscribirte en una escuela pública, reducir tu escolta al mínimo, tomar el metro en horas pico, y ponerte a trabajar. Por si no lo sabes, muchos de los “hijos de la prole” se pagan sus estudios con su trabajo: los hay campesinos, vendedores, obreros. Algunos trabajan desde niños (ojalá no fuese así, dicho sea de paso).

Paulina, has puesto en riesgo el futuro político de tu padre. Pero lo que es más grave: si los jóvenes pudientes de México piensan como tú, ponen en peligro en riesgo el futuro de México. 

FUENTE: http://www.noticiasmvs.com/blogs/el-banquetazo/querida-paulina-pena-pretelini-807.html

Me dijo que sólo quería recuperar los restos de su hijo: Alfredo Castillo

Me dijo que sólo quería recuperar los restos de su hijo: Alfredo Castillo
En su columna “Justicia Posible”, el procurador del Edomex comparte una reflexión, derivada de una experiencia personal, sobre la importancia de la denuncia y la acción de las autoridades en casos de secuestro
 
 
Alfredo Castillo Cervantes, procurador del estado de México
 

“Me dijo que tenía la esperanza de que las piernas y los brazos que se habían encontrado horas antes en un paraje solitario no fueran los de su hijo, ya que lo que teníamos nosotros en el forense eran sólo algunos restos del cuerpo, pero no estaba ni el tronco ni la cabeza, y empezó a llorar”.

La historia la cuenta el procurador del estado de México, Alfredo Castillo Cervantes. Entonces era subprocurador; ahora, como titular de la PGJEM, comparte esta reflexión en una entrega de su columna “Justicia Posible” con los lectores de EL UNIVERSAL Edomex.

Castillo Cervantes reconocer el divorcio sociedad-autoridades, y asume en su calidad de servidor que hay años y agravios a cuestas en esta ruptura, sin embargo, el procurador concluye que sólo la reconstrucción de esta relación permitirá hacer frente a la situación que vive el país.

A continuación la columna que comparte Alfredo Castillo Cervantes: 

 

“Me dijo que sólo le interesaba recuperar los restos de su hijo”

El secuestro es probablemente el delito que más lastima y lacera a una familia. La víctima de secuestro tiene secuelas importantes, pero la familia muchas veces sufre más el secuestro ante la incertidumbre del estado de salud y emocional de su hijo, padre o hermano. Esta situación de “pánico” a la que uno jamás se prepara o mentaliza, lleva a que en esos días o semanas de angustia, muchas veces se tomen las peores decisiones en menoscabo del propio secuestrado.

Lo que expongo a continuación, no es una crítica sino una reflexión compartida de la importancia de acercarse a las autoridades cuando se llegue a vivir una situación de secuestro.

En alguna ocasión, al visitar una agencia del Ministerio Público en mi responsabilidad como subprocurador, un señor me interceptó para hacerme una solicitud poco convencional: me pedía conservara lo que podrían ser los restos de su hijo en el refrigerador del servicio médico forense mientras el tramitaba un examen de ADN para saber si los restos que ahí se encontraban eran los de su hijo.

Lo primero que pensé fue que el señor no quería entrar al anfiteatro para observar a su hijo muerto, así que le sugerí si prefería que otra persona hiciera el reconocimiento de los restos. Ante eso, el señor me dijo que tenía la esperanza de que las piernas y los brazos que se habían encontrado horas antes en un paraje solitario no fueran los de su hijo, ya que lo que teníamos nosotros en el forense eran sólo algunos restos del cuerpo, pero no estaba ni el tronco ni la cabeza, y empezó a llorar.

Ante lo escalofriante de la narración, pregunté qué había pasado, pues yo no tenía conocimiento de ese dato.

El Ministerio Público me informó que al hijo del señor lo habían secuestrado días antes, pero que nunca habían presentado la denuncia, por lo que no teníamos dato alguno de que los restos hallados podían ser de un secuestrado, sino que el MP sólo los había levantado, ante la notificación hecha de que se encontraban restos posiblemente humanos en un paraje solitario.

Por lo anterior, le dije al señor que autorizaba la toma de ADN y que mantendría el mayor tiempo posible los restos del cuerpo en refrigeración, pero a su vez le solicitaba que me diera información para poder encontrar y detener a los secuestradores, ya que era claro que nos encontrábamos ante una banda muy peligrosa y sanguinaria.

El señor me dijo que tenía datos importantes, sin embargo señaló que no los aportaría porque eso no le devolvería a su hijo y no le interesaba iniciar un camino legal. La justicia no se la darían los hombres, sino Dios en el más allá.

Ante ello, le comenté que entendía su dolor, pero que la información que él me proporcionara podía ayudarnos a evitar un nuevo secuestro y posible homicidio. No lo convencí. El señor se despidió diciendo que él sólo quería recuperar el tórax y la cabeza de su hijo para darle cristiana sepultura.

Decidí esperar para ver si en los próximos días cambiaba su decisión sin necesidad de sentirse presionado por nosotros, y con la esperanza de que esta banda no operara mientras obteníamos datos para su ubicación y detención.

Días después, un buen amigo me llamó para pedirme asesoría por el secuestro de un muy amigo suyo. El secuestro había sido en la misma región del primer evento. Inmediatamente le ofrecí a mi amigo el apoyo de la unidad de combate al secuestro. Sin embargo, me dijo que lo que me pedía era una asesoría, porque la familia había decidido no denunciar.

Le comenté que teníamos el antecedente de una banda que había mutilado a una víctima en días anteriores, que era muy importante que nos dieran parte en la investigación. Fue infructuoso, no logré convencerlos.

Sólo unos días después, mi amigo me llamó y me dijo que su conocido se había escapado de los secuestradores. Que después de haber pagado el rescate, los plagiarios se habían ido a “festejar” y que el secuestrado, al no escuchar ruido alguno, decidió abrir la puerta y al no ver a nadie, se había escapado.

Mi amigo me contó que los delincuentes le dijeron a la víctima que lo mutilarían como al chico que días antes habían secuestrado y matado. Era la misma banda. Pero había un dato todavía más revelador, el secuestrado conocía a sus secuestradores.

Ante eso, pensé que con la información que aportara la víctima que se había escapado, detendríamos a esta peligrosa banda. Aventurándome un poco al resultado, decidí llamarle al señor que días antes le habían matado a su hijo y le informé lo sucedido.

El señor dentro de su tragedia sintió cierto alivio de poder recuperar los restos de su hijo. Con lo que no contábamos ni él ni yo, era que el secuestrado que se escapó había decidido, como el señor días antes, no aportar ningún dato a la autoridad. Ante la impotencia, el señor me pidió que obligáramos al joven secuestrado a declarar.

Ante su respuesta, y con desasosiego, sólo pensé que el señor hoy exigía lo que días antes se negó a hacer. Pero sobre todo, pensé que el señor pudo haber evitado el secuestro del sobreviviente si hubiera aportado datos. Sólo me quedó decirle que no podía obligarlo. Que tendríamos que esperar a que alguien pudiera convencerlo o concientizarlo de la importancia de que aportara datos para evitar un posible nuevo secuestro.

Posteriormente esta banda sería detenida por la Policía Federal quien ya tenía antecedentes de otros secuestros cometidos. Al final, cometieron más de diez secuestros.

Hoy, comparto esta reflexión para dejar ver a los lectores la importancia y trascendencia que tiene el denunciar. El no hacerlo solo beneficia a los delincuentes en menoscabo de la sociedad. Entiendo el divorcio que por años ha existido entre autoridad y sociedad, y que el tema de procuración de justicia ha abonado enormemente en este distanciamiento. Sin embargo, es momento de reconstruir esta relación, sólo así podremos vencer al flagelo de la delincuencia.

 

 

FUENTE: Periodico el Universal en línea. 26 de Noviembre 2011  http://www.eluniversaledomex.mx/home/nota24918.html

 

¿Conviene pagar impuestos?

¿Conviene pagar impuestos?

 

La pregunta del título me la hizo recientemente Moisés Mora Cortés, ante el panorama impositivo que viene en el corto plazo para los contribuyentes cautivos o no. A más de alguno la pregunta le parecerá absurda, pero es un planteamiento que estoy seguro que muchos empresarios en algún momento, la contemplaron.

Es obligación Constitucional contribuir con las finanzas públicas del país, es por eso que los que pagamos impuestos somos llamados contribuyentes, asimismo los impuestos no son opcionales, son obligatorios, de ahí su nombre; se trata de una imposición, en otras épocas se les conoció como tributos y por eso conocemos un Sistema de Administración Tributaria (SAT).

Lo cierto es que a nadie le gusta pagar impuestos, más cuando nos damos cuenta que políticos y funcionarios públicos no ejercen pulcra y eficientemente los recursos que llegan por esta vía y sólo son aplicados en el propio beneficio político o personal de cada uno de los involucrados.

Pero aunque no queramos es necesario formar parte del Registro Federal de Contribuyentes (RFC), para contribuir con el gasto público y no tener problemas por estar en la informalidad.

Haciendo una evaluación de la evolución de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y del SAT durante la actual administración del presidente Felipe Calderón Hinojosa, los planteamientos realizados en un principio por el doctor Agustín Carstens Carstens, para ampliar la base de contribuyentes y combatir la informalidad rinden hoy por hoy resultados; el SAT comenzó con una cacería de brujas gracias al Impuesto a los Depósitos en Efectivo (IDE) que se recauda desde 2009. En principio se justificó que dicho impuesto era para identificar que personas tenían fuertes depósitos en efectivo para la posible prevención de presunto lavado de dinero, la realidad es que con una gran cantidad de recursos en la economía informal y sin poder realizar la comprobación de que los recursos procedan de manera ilícita, la autoridad hacendaria persigue actualmente a 600 mil personas físicas que teniendo aperturadas cuentas bancarias, recibieron depósitos en efectivo al grado que además de que se les retuvo IDE, o posiblemente no, la cuantía de los movimientos hace presumir que esas personas tengan alguna actividad comercial, que justifique su automática inclusión al RFC y además se les cobre el ISR que no pagaron por tener ingresos provenientes de la informalidad en la que se encontraban y que no necesariamente signifique que estos recursos los obtengan ilícitamente.

Asimismo el SAT obligó a los contribuyentes a estar reportando las actividades propias de una fiscalización a través de la Declaración Informativa de Operaciones con Terceros (DIOT), en donde se reportan todos los movimientos que un contribuyente hace con sus proveedores.

Se incluyó el maldito Impuesto Empresarial a Tasa Única (IETU) que es el resultado de un impuesto confiscatorio, más que recaudatorio, al gravar ingresos netos, sin permitirse la deducción directamente de rubros como los sueldos y salarios, y haciendo que el contribuyente se vuelva a fiscalizar al generar una doble contabilidad por tener que realizar cálculos al mismo tiempo de ISR.

Finalmente el temor que existe en muchos contribuyentes que pretender evitar al máximo ser incluidos en los esquemas de facturación digital y que en muchos contribuyentes representa un fuerte esfuerzo para incorporarse a estos esquemas.

Sí es conveniente pagar impuestos y llevar las cosas en orden, más conveniente es asesorarse con su contador para que le haga una adecuada planeación fiscal, le ayude a cumplir con sus obligaciones y, principalmente, no haga que el SAT le quite el sueño.

FUENTE:

En voz alta
Salvador De la Torre Cuevas
El Occidental
17 de noviembre de 2011
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Si viviste de niño en los 60, 70 o principio de los 80’s (como yo)…

Si viviste de niño en los 60, 70 o principio de los 80’s (como yo)…

 

 

 

Cómo hiciste para sobrevivir?!?!

De niños andábamos en autos que no tenían cinturones de seguridad, ni bolsas de aire e ir en la parte de atrás de una camioneta, era un paseo especial y todavía lo recordamos…

Nuestras cunas estaban pintadas con brillantes colores de pintura a base de plomo !

No teníamos tapas con seguro contra niños en las botellas de medicina, gabinetes, ni puertas …

Cuando andábamos en bicicleta o avalancha no usábamos casco, rodilleras o coderas. Y era más padre cuando convertías tu bici en moto con un simple envase de frutsi en la llanta trasera.

Tomábamos agua de la manguera del jardín, de la llave o donde la encontráramos, siempre y cuando nos quitara la sed, y no de una botella de agua purificada.

Gastábamos horas y horas construyendo unos carritos de cajas o tubos, y los que tenían la fortuna de tener un amigo con bici, se las ingeniaban para remolcarnos y en la esquina se acordaban que no tenían frenos.

Después de varios choques aprendimos a resolver el problema. Sí!, nosotros chocábamos con arbustos o caíamos en tierra, no chocábamos con autos.

Salíamos a jugar con la única condición de regresar antes del anochecer …

El colegio duraba hasta el medio día, llegábamos a casa a comer después de saborear nuestras jícamas y churritos con chile y limón, a la salida de la escuela …

No teníamos celular … Así que nadie podía ubicarnos !!! ¡¡¡ Impensable !!!

Nos cortábamos, nos rompíamos un hueso, perdíamos un diente, pero nunca hubo una demanda por éstos accidentes… Nadie tenía la culpa más que nosotros mismos.

Comíamos bizcochitos, twinquis, pan y mantecadas, tomábamos bebidas con azúcar y nunca teníamos exceso de peso porque siempre estábamos afuera jugando y corriendo.

Compartíamos una coca entre cuatro (cuando la podíamos comprar y era la botella de vidrio de 1 litro)… tomando en la misma botella y nadie se moría por eso.

No teníamos Playstations, Nintendo 64, X boxes, Juegos de Video, 99 canales de tv en cable, videograbadoras, cine, sonido “surround”, celulares, computadoras, “chat-rooms” en Internet, etc …
Sino que: TENÍAMOS VERDADEROS AMIGOS !!!

Salíamos, nos subíamos en la bicicleta o caminábamos hasta la casa del amigo, tocábamos el timbre…
o sencillamente entrábamos sin tocar y allí estaban y salíamos a jugar.

¡ Ahí afuera !

¡ En el mundo cruel !

¡ Sin un guardián alquilado por papá !

Hacíamos juegos con palitos, bolas de tenis, jugábamos hoyo, bote pateado, policias y ladrones, tochito, beis, y en algún equipo que se formaba para jugar un partido; no todos llegaban a ser elegidos y no había desencanto llevado a trauma.

Algunos estudiantes no eran tan brillantes como otros y cuando perdían un año lo repetían.
Nadie iba al psicólogo, al psicopedagogo, nadie tenía dislexia, simplemente repetía y tenía una segunda oportunidad.

Teníamos Libertad, Fracasos, Éxitos, Responsabilidades…

Y aprendíamos a manejarlos.

6 lecciones de la vida de Albert Einstein

6 lecciones de la vida de Albert Einstein

 

me ha fascinado las personas que van contra la corriente. Las personas que están tan convencidas de sus ideas, que aceptar un no sería impensable. Albert Einstein es uno de ellos. A continuación os dejo con 6 lecciones de la vida que me enseñó Albert Einstein:

 

  1. Sigue tu curiosidad

    “No tengo ningún talento especial. Solamente tengo una curiosidad pasional”

    Hemos hablado sobre la importancia de este tema antes pero vale la pena repetir, y aún más si lo dice Einstein. Tu pasión debería ser tu profesión. Pregúntate a ti mismo que cosas te interesan. Para tener éxito deberías prestar mucha atención a las cosas que te da curiosidad.

  2. La perserverancia no tiene precio

    “No es que sea inteligente, es sólo que me quedo con el problema más tiempo.”

    ¿Tienes la paciencia para seguir tu rumbo aunque la vida te da golpes? O dejas un proyecto al momento cuando nubes negras aparecen en el horizonte?  Einstein sabía la importancia de nunca rendirse.

  3. Enfócate en el presente

    “Cualquier hombre que pueda conducir con toda seguridad mientras besa a una chica guapa, no está prestando suficientemente atención al beso.”

    Puedes hacer cualquier cosa, pero no todas las cosas. Einstein entendió la importancia de estar “en el momento”. Entrégate al 100% al tarea que tienes enfrente. Energía y atención enfocada es la diferencia entre el éxito y el fracaso.

  4. Comete errores

    “Una persona que nunca cometió un error, nunca probó algo nuevo.”

    No tengas miedo al fracaso. Equivocarse no es fracasar, los errores pueden ser útiles si aprendes de ellos, te pueden hacer mejor, más inteligente y más rápido.

  5. Crea valor

    “Esfuérzate no para ser un éxito, mejor ser alguien que crea valor”

    No pierdas el tiempo intentando ser un éxito. Mejor pasar tu tiempo creando valor. Si creas valor vas a atraer el éxito. En mi opinión es importante descubrir cuáles son los talentos y dones de uno y poner éstos a trabajar para el beneficio de otros.

  6. El conocimiento viene de la experiencia

    “La información no es conocimiento. La única fuente de conocimiento es la experiencia.”

    Si hay algo que he aprendido después de más de 1200 días trabajando por mi cuenta es que las discusiones están bien pero no nada mejor que tener práctica real de algo. No hay manera mejor para adquirir nuevos conocimentos. Experiencia es el alfa y omega para aprender.